Una exploración exhaustiva sobre el hombre y el medio

por Rafael Rondón Narváez

La indagatoria acerca de lo humano tiene un amplio recorrido en la producción artística de Eleonora Tugues. Sus formulaciones son plurales y siempre conectadas con la preocupación por el espacio de sus sujetos y por la correlación con la naturaleza.

En sus esculturas construye cuerpos quebradizos de figuras animales, humanas Y vegetales. Algunas veces parecieran troncos o ramas enmarañadas, como en la serie Arborecer (2007), en la cual despliega la imagen boscosa de cuerpos humanos, mientras que en otros casos, sujetos y animales se funden en organismos híbridos, así ocurre en Homo zoo, donde se ofrece todo un planteamiento antropológico sobre la evolución de la especie.

Hay en la producción de esta artista cierta tendencia a las formas femeninas, las cuales se afana en nombrar: Lucía, Juliet, Beatriz, Penélope (2012), Isadora, Federica, Alejandrita (2005). En general, sus figuras son delgadas líneas y frágiles volúmenes semejantes a esqueletos orgánicos en los que se ve la exigüidad de la carne. Pero es precisamente esa misma fragilidad la que le otorga energía a sus propuestas, porque expresa un decisivo componente gestual dotado de ritmos y de una infatigable suma de movimientos y contorsiones. En ellos reconcomemos los signos del cansancio y el agotamiento del atleta, como se evidencia en Corredorcito (2005), pero también las desolaciones expresadas en el dolor, la angustia y la derrota. Su trabajo, sin embargo, no está exento de humor y esto se comprueba en el manejo de personajes propios de la cotidianidad, manifestados a través de representaciones que rozan la caricatura y en los nombres hilarantes que atribuye a algunos: Anacleta en su bicicleta (2007).

La proporción de sus figuras no está emparentada con la realidad, es útil más bien para encarnar una idea o una intuición. Por eso, las esculturas de Eleonora Tugues gozan de una gestualidad que transfiere el impulso espontáneo del momento a la permanencia del bronce.

En todos los casos mantienen similitudes con el dibujo en cuanto al trazado espontáneo de las líneas en el espacio.

De toda la trayectoria creativa de Tugues, la obra escultórica es la más conocida, exhibida y premiada. Pero su acercamiento al arte no es reciente. Desde niña habitó el taller de cerámica de su madre, Beatriz Plaza, y se dedicó durante años al torno, la arcilla y el horno. En fechas cercanas muestra interés por la pintura y explora este medio a través de la investigación sobre las formas y los colores que ofrece el mandala.

En general, su trabajo manifiesta una insistente indagación alrededor de la materia
Y una pesquisa exhaustiva sobre el hombre y su relación con el medio.